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[Forbes Chile] Francisca Cortés Solari: una mujer que educa con la naturaleza

Todo comenzó por un mandato de su madre, Teresa Solari, y sus tías, para hacerle honor a su abuela Eliana Fabella. De allí vino una reflexión personal: “¿Cómo podía nuestra familia colaborar con Chile y aportar nuestro grano de arena en materia de conservación?”, cuenta a Forbes Chile Francisca Cortés Solari.

Fue entonces cuando la hija mayor de Teresa Solari —parte de la tercera generación del grupo empresarial que lidera el retail en Chile y Latinoamérica, Falabella— se alejó del negocio que fundaron sus abuelos Alberto Solari y Eliana Fabella a partir de la sastrería familiar, para dedicarse por completo a la filantropía. Creó Fundación Caserta haciendo summer camps para los hijos de quienes cuidaban los caballos de carrera del Club Hípico de Chile. Posteriormente nace Fundación MERI (Melimoyu Research Institute), lo que permitió incorporar la ciencia y la educación ambiental al servicio de la conservación.

En 2018 agrupó todo en Filantropía Cortés Solari para promover la educación integral, la mitigación del cambio climático y la conservación de la biodiversidad.

“Primero apareció la Reserva Puribeter, ubicada en San Pedro de Atacama, luego la Reserva Elemental Likandes, ubicada en la Región Metropolitana. Y cuando surgió la posibilidad de adquirir la Reserva Elemental Melimoyu, un territorio de más de 16.000 hectáreas, ubicado en la Patagonia Norte chilena, es cuando realmente iniciamos nuestro trabajo en conservación”

, detalla Cortés Solari.

Entre los proyectos exitosos de la fundación, destacan las investigaciones de más de 12 años de cetáceos en la Patagonia Norte, que permitieron impulsar, junto al Ministerio del Medio Ambiente, The Blue BOAT Initiative, utilizando tecnología y monitoreo acústico para detectar ballenas y disminuir el riesgo de colisiones con embarcaciones.

Para Cortés Solari la sostenibilidad y la rentabilidad son perfectamente compatibles.

“El problema es que hasta la fecha no hemos valorizado los servicios ecosistémicos que nos entrega la naturaleza. Por ejemplo, junto a Ralph Chami, economista del FMI, desarrollamos un estudio que estima el valor de los servicios ecosistémicos de las ballenas azules en Chile en más de US$3.000 millones, del orden de US$4 millones por individuo. Si comenzamos a incorporar el valor de los servicios ecosistémicos que prestan los cetáceos —captura de carbono, biodiversidad, agua, regulación climática— cambia completamente la ecuación y se vuelve esencial evitar la colisión entre ballenas y embarcaciones”

, especifica.

“La pregunta no es cuánto cuesta conservar la naturaleza, sino cuánto nos va a costar no conservarla”, sentencia. Y agrega: “La naturaleza es la infraestructura que sostiene la economía”.

Para todos ellos, la conservación privada es una herramienta efectiva para proteger la naturaleza y generar valor compartido en los territorios. Su consolidación depende del fortalecimiento de modelos de colaboración que permitan potenciar su impacto ambiental, social y económico.

Fuente: Forbes Chile

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